“¡Adiós Papá!” no nos despedimos, ni sobre la obra de Cruz Diez

La tristeza, rabia e impotencia recorren todo mi ser.

Anabel Navarro's blog

Tu heroína anónima que no te pudo ir a abrazar, Anabel Navarro Camero

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Cuando era niña y me sentía mal o no tenía clases me iba con mi papá, José Asunción Navarro, quien trabajaba en el aeropuerto de Maiquetía. “Navarrito” me decían en los pasillos. Que alguna compañera de él me llevara a almorzar “al internacional” era lo máximo; “Burguer King” era la felicidad; y si alguien tomaba el carro y me llevaba a Catia La Mar era otro nivel. Incluso cuando yo era bebé me llevaba en mi cesta, con pañales y teteros, entre sus compañeras de trabajo se turnaban para cuidarme, mi papá y mi mamá trabajaban todo el día. Crecí en los pasillos de colores del maestro Cruz Diez, esos que hoy protagonizan tantas despedidas en Venezuela y tan pocos reencuentros.

Papá era de Los Robles, Isla de Margarita, se fue a La Guaira para “buscar un…

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